En 2025, el mercado inmobiliario argentino se dividió en dos mundos. Por un lado, las viviendas en segmento premium siguieron creciendo en valor, demanda y liquidez. Por el otro, el segmento medio se estancó, con ventas que cayeron más del 30% en comparación con 2023. No es una cuestión de ubicación ni de diseño. Es una cuestión de poder adquisitivo, inflación y confianza. Y lo que está pasando ahora no es una tendencia pasajera: es una redefinición del valor real en la propiedad.
¿Qué es realmente un segmento premium?
No es solo una casa grande o con vista al río. Un inmueble de segmento premium en Argentina hoy cumple tres reglas claras: tiene una ubicación en barrios con estabilidad fiscal y social (como Puerto Madero, Palermo Soho, o Barrio Norte en Buenos Aires), está construido con materiales de alta gama (vidrio templado, pisos de madera maciza, sistemas de climatización independientes), y su precio no depende de la inflación local, sino de divisas extranjeras. En Rosario, por ejemplo, una propiedad de este tipo en el barrio de Alberdi puede costar entre USD 450.000 y USD 700.000. No es un lujo: es un refugio.
Lo que hace único a este segmento es que su valor no se mide en pesos, sino en dólares. Los compradores no son argentinos que ganan salarios en pesos. Son extranjeros, empresarios con activos en el exterior, o familias que tienen parte de su patrimonio en criptomonedas o bonos en dólares. Por eso, aunque el peso se devaluó un 210% en 2024, los precios de estos inmuebles subieron un 12% en términos reales.
El segmento medio: el que se quedó atrás
En contraste, el segmento medio -viviendas entre USD 80.000 y USD 200.000- vive una crisis de demanda. Estas son las casas que antes compraban familias con empleos formales, docentes, profesionales, empleados de empresas medianas. Hoy, esos compradores no pueden acceder. ¿Por qué? Porque el salario promedio en Argentina en 2025 es de aproximadamente USD 600 mensuales. Un crédito hipotecario en pesos requiere un ingreso mínimo de USD 1.800 para ser aprobado. Y en dólares, los bancos no otorgan préstamos para este rango.
Las constructoras que se enfocan en este segmento están viendo cómo sus proyectos se vacían. En Córdoba, una torre de 120 departamentos de 70 m², lanzada en 2023, tiene solo el 22% de las unidades vendidas. En Santa Fe, el 68% de los compradores de viviendas en este rango terminan cancelando sus contratos por imposibilidad de pago. No es falta de interés. Es falta de capacidad.
El efecto de la inflación: no es lo mismo para todos
La inflación afecta a todos, pero no de la misma manera. En el segmento medio, cada aumento en el precio de los materiales (cemento, acero, pintura) se traslada directamente al costo final. Los constructores suben los precios, pero los compradores no pueden seguir. El resultado: estancamiento. En 2024, el costo de construir una vivienda de segmento medio aumentó un 180% en pesos, pero el poder adquisitivo del salario promedio solo creció un 75%.
En el segmento premium, en cambio, los costos de construcción están indexados a dólares. Las empresas que construyen en este rango importan puertas, grifería, sistemas eléctricos y hasta el cemento de Chile o Brasil, pagando en divisas. Eso significa que su margen no se ve afectado por la inflación local. El precio que pagan los compradores no cambia porque el valor del inmueble ya está fijado en una moneda estable. Es una diferencia fundamental: uno se mueve con la economía, el otro se escapa de ella.
¿Dónde está el valor real?
En 2022, muchos creían que comprar una vivienda en el segmento medio era una buena inversión. Hoy, esa idea es un mito. Las propiedades de este rango no se venden rápido, no generan alquileres reales (porque los inquilinos tampoco ganan suficiente), y no pueden usarse como garantía para préstamos. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires (2025) mostró que el 83% de las viviendas de segmento medio compradas entre 2020 y 2023 no lograron recuperar su valor real en dólares, incluso después de cinco años.
En cambio, las propiedades de segmento premium tienen una tasa de reventa de 92% en menos de 18 meses. En 2024, el promedio de días en el mercado para una casa premium en Buenos Aires fue de 52 días. Para una de segmento medio, fue de 310 días. Y eso no es por falta de anuncios. Es por falta de compradores.
El papel de las políticas públicas y el acceso al crédito
El gobierno nacional lanzó en 2024 el programa "Vivienda Segura", pensado para impulsar el segmento medio. Ofrecía créditos con tasa fija en pesos, con hasta 20 años de plazo. El resultado: solo el 11% de los solicitantes cumplían con los requisitos de ingreso. El resto, aunque tenía ganas, no tenía capacidad. El programa no falló por diseño, sino por realidad económica.
Las entidades financieras, por su parte, dejaron de ofrecer hipotecas en pesos para este segmento. Los bancos privados ya no aprueban préstamos por debajo de USD 100.000. Los fondos públicos no llegan a cubrir la brecha. Y los fondos de inversión extranjeros no entran a este rango: no es rentable. El mercado medio se volvió invisible para el sistema financiero.
¿Qué pasa en las ciudades medianas?
En Rosario, Mendoza o La Plata, la brecha es aún más clara. Aquí, el segmento premium se reduce a pocos edificios nuevos en zonas céntricas. Pero el segmento medio es el que más se desmorona. En Rosario, por ejemplo, el 65% de las viviendas en venta entre USD 100.000 y USD 180.000 son de segunda mano, con más de 20 años de antigüedad. Los compradores no quieren construcciones nuevas porque no pueden pagarlas. Prefieren casas viejas con problemas de plomería, pero que pueden negociar en efectivo.
Esto ha generado un mercado paralelo: el de la compra en efectivo con pagos fraccionados. No hay contratos formales. No hay escrituras inmediatas. Es un sistema de confianza, basado en redes personales. Y es el único que aún funciona en el segmento medio.
La inversión extranjera y el cambio de reglas
En 2025, el 42% de las ventas en segmento premium en Argentina fueron a compradores no residentes. Muchos de ellos son uruguayos, chilenos, brasileños y hasta estadounidenses que buscan activos estables en la región. Ellos no compran por vivir aquí. Compran por proteger capital. Y eso cambia el juego. Las propiedades premium ahora se diseñan pensando en el mercado internacional: con sistemas de seguridad digital, acceso por huella, y servicios de gestión de propiedades en inglés.
El gobierno no ha impuesto restricciones a estas compras. Al contrario: facilita la transferencia de divisas y reduce los trámites. Pero para el segmento medio, las reglas siguen siendo las mismas: depende de la moneda local, del salario, y de la confianza. Y esa confianza ya no existe.
El futuro está dividido
El mercado inmobiliario argentino ya no es uno. Es dos. Y se están alejando cada vez más. El segmento premium se vuelve más líquido, más internacional, más resiliente. El segmento medio se vuelve más informal, más inestable, más dependiente de la fortuna de unos pocos que pueden pagar en efectivo.
Si eres un comprador común, con un empleo estable pero no de altos ingresos, la realidad es dura: no hay un camino claro para acceder a una vivienda propia. Si eres un inversionista, la única opción con retorno real es el segmento premium. Y si eres constructor, la única forma de sobrevivir es adaptarte a los dólares, o salir del mercado.
No hay una solución mágica. No hay un plan que pueda unir estos dos mundos mientras la inflación siga siendo un factor dominante y los salarios no se alineen con el costo de vida. Lo que vemos hoy no es un problema de oferta. Es un problema de poder. Y hasta que ese poder cambie, el mercado seguirá dividido.
¿Por qué las viviendas de segmento premium siguen subiendo de precio aunque la economía esté mal?
Porque su valor no está ligado al peso argentino. Los compradores de este segmento pagan en dólares, criptomonedas o divisas extranjeras. Los costos de construcción también se miden en dólares, por lo que la inflación local no afecta su margen. Además, estos inmuebles son vistos como refugio de valor por inversores internacionales y familias con activos en el exterior, lo que mantiene la demanda constante.
¿Es posible comprar una vivienda en el segmento medio hoy en día?
Es posible, pero extremadamente difícil. Los créditos hipotecarios en pesos requieren ingresos de al menos USD 1.800 mensuales, algo inalcanzable para la mayoría. Los préstamos en dólares no están disponibles para este rango de precios. Por eso, la mayoría de las compras en este segmento se hacen en efectivo, a través de acuerdos informales. Las constructoras han reducido la oferta y muchos proyectos están paralizados.
¿Qué pasa con las propiedades de segmento medio que ya se compraron?
Muchas están en manos de compradores que no pueden venderlas ni alquilarlas. Los alquileres en pesos no cubren los costos de mantenimiento, y los compradores no pueden pagar en dólares. Como resultado, hay miles de viviendas vacías en ciudades como Córdoba y Santa Fe. Algunas se usan como depósitos, otras se abandonan. La reventa es casi imposible sin una fuerte rebaja.
¿Las políticas públicas pueden ayudar al segmento medio?
Hasta ahora, no han logradolo. Programas como "Vivienda Segura" no lograron llegar a la mayoría porque los requisitos de ingreso eran inalcanzables. Sin un cambio estructural en los salarios o una estabilización real de la moneda, cualquier medida temporal no resuelve el problema central: la brecha entre lo que gana la gente y lo que cuesta vivir.
¿Es una buena inversión comprar en el segmento premium?
Para quienes tienen acceso a divisas, sí. Las propiedades premium tienen alta liquidez, crecen en valor en dólares y son fáciles de alquilar a expatriados o empresas. En 2024, el retorno anual promedio por alquiler en este segmento fue del 5,8% en dólares. Pero para alguien que solo tiene pesos, no es una opción real. Es un mercado cerrado, no inclusivo.
Sandra Suárez febrero 20, 2026
Esto no es un mercado inmobiliario. Es un experimento social de elite. Los ricos se refugian en ladrillos mientras los demás se hunden en la inflación. Y nadie habla de que esto es lo que pasa cuando el Estado abandona su función. La vivienda es un derecho, no un activo financiero para extranjeros.
Esto no es Argentina. Es una colonia de dólares.
Y sí, lo sé, suena loco. Pero mira los números. No hay magia. Hay saqueo organizado.