Passive House en Argentina: principios y ejemplos reales de construcción sostenible

Passive House en Argentina: principios y ejemplos reales de construcción sostenible

Si alguna vez te has preguntado por qué algunas casas en Argentina mantienen una temperatura cómoda sin usar calefacción ni aire acondicionado, la respuesta está en el Passive House. No es un estilo decorativo ni una tendencia de redes sociales. Es un estándar de construcción que reduce el consumo energético hasta en un 90% y lo está haciendo realidad en ciudades como Rosario, Mendoza y Bariloche.

¿Qué es realmente un Passive House?

Un Passive House (Casa Pasiva) no es una casa sin energía. Es una casa que usa muy poca energía porque está diseñada para no perder calor en invierno y no dejar entrar el calor en verano. Funciona como un termo: sellada, bien aislada y con ventilación controlada. El concepto nació en Alemania en los años 90, pero hoy se aplica con éxito en climas tan distintos como el de la Patagonia o el del norte argentino.

Lo que hace único al Passive House es que no depende de sistemas complejos. No necesita paneles solares obligatorios ni bombas de calor gigantes. Su magia está en cinco principios simples, pero estrictos:

  • Aislamiento térmico extremo en paredes, techos y pisos
  • Ventanas de triple vidrio con bajo coeficiente de transmisión térmica (U-value bajo)
  • Hermeticidad absoluta: no hay filtraciones de aire
  • Ventilación mecánica con recuperación de calor
  • Eliminación de puentes térmicos: puntos donde el calor se escapa

Estos cinco puntos no son sugerencias. Son requisitos medibles. Una casa Passive House debe consumir menos de 15 kWh/m²/año para calefacción y menos de 60 kWh/m²/año para energía total. En comparación, una casa típica en Argentina consume entre 150 y 250 kWh/m²/año.

¿Por qué funciona en Argentina?

Muchos piensan que el Passive House es solo para países fríos. Pero en Argentina, donde las temperaturas pueden bajar a -10°C en invierno y subir a 40°C en verano, este modelo es aún más útil. El clima continental con grandes diferencias entre estaciones exige una construcción inteligente, no potente.

En Rosario, por ejemplo, una casa Passive House construida en 2023 logró mantener 22°C en el interior durante una ola de frío sin encender la calefacción. En Mendoza, una vivienda similar redujo su factura de electricidad en un 85% en verano, gracias a la ventilación cruzada y la sombra estratégica.

Lo que importa no es el clima, sino cómo lo manejas. Una casa bien diseñada puede ser cálida en invierno y fresca en verano sin depender de la red eléctrica. Y eso es vital en un país donde los cortes de luz son frecuentes y los costos energéticos suben cada año.

Ejemplos reales en Argentina

No son teorías. Hay casas Passive House construidas y habitadas aquí. Una de las primeras fue la Casa Pampa en Luján de Cuyo, Mendoza. Construida en 2019 con materiales locales -ladrillo de arcilla, lana de oveja como aislante y madera certificada-, su consumo energético fue de 12 kWh/m²/año. Hoy sus dueños pagan menos de $2.000 por mes en energía, incluso con calefacción por suelo radiante.

Otro ejemplo es el proyecto El Refugio en Bariloche. En un lugar donde el invierno dura seis meses y la nieve cubre las casas, esta vivienda de 140 m² no tiene caldera ni radiadores. Usa solo 8 kWh/m²/año. Su secreto: 40 cm de aislamiento en paredes, ventanas con triple vidrio y una ventilación que recupera el 92% del calor del aire saliente.

En Rosario, la primera vivienda certificada como Passive House en la ciudad fue terminada en 2024. Se llama Casa Cielo. Está en un barrio tradicional, con fachada de ladrillo visto, pero con un interior sellado como un submarino. Su dueña, una arquitecta local, dice: "Antes gastaba $15.000 en gas en invierno. Ahora pago $1.200 en electricidad para la ventilación. Y la casa se siente como un abrazo".

Interior de Casa Pampa en Mendoza con aislamiento de lana de oveja y luz natural, mostrando bajo consumo energético.

¿Cuánto cuesta construir una Passive House en Argentina?

El mito más grande es que es caro. Sí, cuesta un 10-15% más que una construcción tradicional. Pero ese costo extra se recupera en 5 a 7 años. ¿Por qué? Porque no compras energía. No pagas gas. No tienes que reemplazar calderas ni aires acondicionados cada 10 años.

En una casa promedio de 120 m² en Argentina, el ahorro anual en energía puede llegar a $120.000. Si inviertes $200.000 extra en materiales y mano de obra especializada, en menos de dos años ya has recuperado la diferencia. Y luego, los siguientes 20 años son pura ganancia.

Además, hay incentivos. En Mendoza, la provincia otorga hasta un 20% de descuento en impuestos inmobiliarios para viviendas certificadas. En Córdoba, el programa "Vivienda Sustentable" ofrece préstamos con tasa 0% para quienes usen estándares Passive House.

¿Qué materiales se usan en Argentina?

No necesitas importar nada. El aislamiento térmico se hace con lana de oveja, celulosa reciclada, espuma de poliuretano de origen vegetal y corcho. En el norte, se usa la fibra de algodón tratada con bórax, que es ignífuga y antifúngica.

Las ventanas vienen de proveedores locales como Aluminios Patagónicos o Ventanas Argentinas, que fabrican perfiles de aluminio con rotura de puente térmico y triple vidrio con argón. Los marcos se sellan con cinta de espuma de polietileno, no con silicona común.

Los techos se cubren con tejas de cerámica o chapa de acero galvanizado con aislamiento térmico debajo. Los pisos llevan una capa de aislamiento de poliestireno expandido antes del hormigón. Todo esto se hace con técnicas que ya existen en la industria local -solo hay que aplicarlas con precisión.

Vivienda El Refugio en Bariloche cubierta de nieve, sin chimeneas ni radiadores, con sistema de ventilación eficiente.

¿Es posible adaptar una casa existente?

Sí. No necesitas demoler todo. Se puede convertir una casa vieja en Passive House, aunque con menos eficiencia que una construida desde cero. El proceso se llama "Retrofit Passive".

En Santa Fe, una casa de los años 80 fue renovada con 30 cm de aislamiento en paredes exteriores, reemplazo de ventanas y una unidad de ventilación mecánica. El resultado: consumo energético bajó de 210 a 38 kWh/m²/año. El costo fue de $1.800.000, pero el dueño dejó de pagar gas por completo y ahora tiene una casa sin humedad, sin ruidos externos y sin alergias.

El truco está en el sellado. Si no cierras bien las grietas, el aislamiento no sirve. Por eso, se usa una prueba llamada "blower door test". Se conecta un ventilador a la puerta y se mide cuánto aire entra. Una casa pasiva debe tener menos de 0.6 cambios de aire por hora. Las casas comunes tienen entre 3 y 8.

¿Qué pasa con la humedad y el aire interior?

Una casa sellada puede parecer una jaula. Pero aquí entra el sistema de ventilación mecánica con recuperación de calor (VMRC). Este sistema saca el aire viciado de la cocina y el baño y lo reemplaza con aire fresco del exterior, pero lo calienta (o enfría) usando el calor del aire que sale.

En invierno, el aire frío que entra se calienta con el calor del aire que sale. En verano, el aire caliente se enfría con el aire que sale. El resultado: aire limpio, sin polvo, sin moho, sin olores. Y sin perder energía.

Esto es clave para personas con asma o alergias. En una casa Passive House, los niveles de polen y moho son hasta un 70% menores que en una casa normal. En Rosario, donde el aire está cargado de polvo y contaminación, esto no es un lujo. Es una necesidad.

El futuro de la arquitectura en Argentina

La construcción tradicional en Argentina está en crisis. Materiales caros, mano de obra escasa, costos energéticos altos. El Passive House no es una alternativa. Es la única forma sostenible de seguir construyendo.

El Ministerio de Vivienda de la Nación ya incluyó el estándar Passive House en su guía de viviendas de interés social. En 2025, se lanzará el primer programa nacional de certificación. Ya hay 40 arquitectos certificados en el país, y más de 120 proyectos en construcción.

Lo que empezó como una idea de europeos se convirtió en una solución argentina. Con nuestros materiales, nuestros climas y nuestras necesidades. No se trata de copiar. Se trata de adaptar. Y lo estamos haciendo bien.

Tomás Illanes
Tomás Illanes

Soy analista político especializado en temas de interés social y económico. Trabajo para un think tank en Rosario donde elaboro informes y análisis sobre la actualidad política argentina. Me apasiona investigar y escribir sobre el socialismo en Argentina. A través de mi trabajo, espero contribuir a un mejor entendimiento de nuestra sociedad y de los retos que enfrentamos.

1 Comentarios

  • Betina Lemos
    Betina Lemos febrero 16, 2026

    En Rosario la casa de mi tía es así y ni siquiera usa calefacción. En invierno se siente como un abrazo y en verano fresco sin aire acondicionado. El único gasto es la electricidad de la ventilación y vale cada peso.

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